close
empresa-desarrollo-startup

Hace poquito empecé a contarles de mi mal karma con el desarrolladores. Veamos como fue el cuento largo con algunos de ellos y los momentos más destacados.

Un sinfín de desarrolladores

El primero fue un desarrollador que freelanceó en un tiempo cuando yo misma estaba aún en el mundo corporativo, por lo tanto esta fórmula del part time acomodaba a todo el mundo. No recuerdo cuanto tiempo todo fue ok pero en algún minuto no supimos más de él. Nadie nunca nos avisó que el día X no podía trabajar. Le quitamos la responsabilidad del código porque ya no tenía sentido esperar. Meses después nos enteramos que le vino una enfermedad muy fuerte de la cual afortunadamente se pudo recuperar. Casi se murió (!!).

Allí obviamente hubo un tiempo muerto, en el cual tratamos de comunicarnos y no pudimos, hasta que empezó a trabajar otro desarrollador. A el lo había conocido en un StartupWeekend. En ese momento él estaba en una startup parte de Startup Chile pero después de un tiempo volvió a su país. Como lo había encontrado bueno, rápido y autónomo, le pregunté si le podía interesar trabajar en la plataforma. Aceptó, acordamos una tarifa y estuvimos trabajando a distancia un rato. Al inicio lo encontré muy proactivo, era más que un “hacedor” de código (el sueño) y hasta autónomo. En el sentido que no necesitaba que todo pasara por diseño antes [NOTA: si estás leyendo eso y vienes del mundo startup, es absolutamente normal. Pero si vienes del mundo corporativo, te darás cuenta que es casi un milagro. En las grandes empresas, por lo menos en Chile, raramente he visto un desarrollador que moviera un pixel sin que antes toooodo pasara por diseño].

En ese entonces, el estaba trabajando con otra startup gringa (otra que la de StartupChile), mucho más grande que nosotros. Pero en un minuto me dijo que estaba medio aburrido y le interesaba seguir full time con UsabilityChefs. Eso fue un milagro inesperado. Saqué el Excel y empecé a armar escenarios de remuneración pesimistas y optimistas según sus expectativas. Finalmente acordamos un escenario por 6 meses, tiempo en el cual cada uno de nosotros iba a hacer sus tareas, como por ejemplo ver los trámites legales para sumarlo como socio (por mi parte) y ver temas fiscales y de seguros (por parte de él). Incluso le propuse que volviera por un tiempo a Chile. Afortunadamente prefirió seguir un rato a distancia. También me propuso delegarle algunas tareas a un amigo de el, desarrollador, que él iba a supervisar. Trato hecho. Todo impecable hasta que empecé a saber menos de el. Desde estar comunicados todos los días, a tener noticias con suerte una vez a la semana. Demás está decir que la situación ha sido desesperante. En un minuto no supe nada. Un día. Dos. Tres. Varios. Ni me acuerdo cuántos.

Allí aparece otro desarrollador y en una de esas le pasamos la pelota. 15 días después, el tipo ni siquiera evalúa. Supongo. Adiós en 3, 2, 1…Fue como un relámpago.

Reaparece el anterior y al parecer me pilla de buen humor – y sin muchas otras alternativas en el rádar – y le digo que entiendo y acepto sus disculpas y que retome. Mal. Pésimo. Al parecer me falta para convertirme en Chilena por completo ya que aún confío mucho en las personas (nota: hace un tiempo hablaba de la dificultad de los Chilenos para confiar).

Contratar una empresa de desarrollo

A esta altura, seguramente se preguntan por qué no haber contratado una empresa de desarrollo. Si, lo pensamos. De hecho, la primera empresa que me generó suficientemente confianza es la empresa de un amigo. Fue una lástima no haber sabido desde un inicio que el estaba en eso y las cosas iban bien para el. Bueno, el tema es que estimaron y el veredicto no fue muy alegre para mi: “si lo tomamos, lo tendremos que hacer desde cero; hemos tenido una mala experiencia haciendo mantención sobre el código de otros”. Ufff. Se entiende. En ese momento era el mejor panorama, aún tenía energía, fé, algo de capital disponible para esto y algunos flujos futuros que prometían. De todas formas, había que tomar la decisión y botar todo lo hecho por la ventana. Pensé que lo mejor era esperar un poco, reflexionar bien y tomar una decisión. Los caminos de la vida siendo más enredados que un plato de tallarines, en esos días el último desarrollador renació de sus cenizas como el Ave Phoenix y decidí darle una oportunidad más. Hasta mi amigo pensó que era la mejor alternativa ya que era la persona que más conocía la plataforma y no necesitaba entender nada sino que seguir su trabajo. Finalmente el entusiasmo volvió, recuperamos la fé y empezamos a ver avances. Pero el karma siendo lo que es, este personaje se desaparece de nuevo.

Después hubo un segundo intento. Esta empresa se descartó sola por la actitud prepotente de uno de los dueños quien, en nuestra primera reunión, me preguntó: “¿y por qué lo haría para ustedes en vez de hacerlo para nosotros?”. En la misma reunión expuso acerca de los proyectos apoteósicos de la empresa. Básicamente trabajaban para la NASA (sin chiste). Lo bueno es que salí del shock a la brevedad y ya ni me acuerdo como se llaman, aunque una compañera de colegio trabaja allí y estoy bastante en contacto con ella por redes sociales. También quedé en contacto con el dueño a través de LinkedIn y desde 2015 que no he visto ninguna actualización suya. La NASA los debe tener ocupados.

Bueno, y el tercer intento se produjo hace unos meses atrás. Pero nada es tan simple como parece y nos encontramos con un montón de problemas dejados por el último desarrollador, como por ejemplo el hecho que lo último que ví instalado en Beta, no fue lo que nos entregó. Como no contestó nunca más, hubo que rehacer un montón de cosas. En este momento pienso que dadas las condiciones, contratar una empresa de desarrollo es quizás la mejor alternativa. Algunas condiciones que me parecen fundamentales son:

  • Que haya un interés real por parte de esa empresa a trabajar con una startup y un entendimiento o voluntad de entender que es un contexto diferente a la gran empresa.
  • Que no haya una zona de competencia, como por ejemplo que la empresa de desarrollo quiera quedarse con el conocimiento, ya sea a través del algoritmo, código, base de datos de clientes o lo que sea. Pienso que un acuerdo de confidencialidad y no competencia no es suficiente ya que francamente una startup no tiene ni tiempo ni recursos ni interés de estar demandando con abogados.

Por otra parte, sería ideal que de este primer proyecto de desarrollo pudiese nacer una colaboración. Que se puedan referir clientes y oportunidades de negocios mutuamente.

¿Y ustedes? Qué experiencias han tenido con desarrolladores? Qué recomiendan? Cómo filtrar?

Hasta el próximo capítulo de esta odisea. 

Tags : contratar desarrolladordesarrolladordesarrolloempresas de desarrollo de softwareempresas de desarrollo webencontrar desarrolladorSaasstartup
Carmen

The author Carmen

Leave a Response