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Carrera

De amenazas a maltratos, las mujeres que maltratan a sus subalternas

De amenazas a maltratos, las mujeres que maltratan a sus subalternas

En este contexto de ola de manifestaciones feministas en Chile y reivindicaciones en pro de una sociedad más justa e igualdad de oportunidades para todos, estaba conversando con otra extranjera que me preguntaba si es tan así de grande la brecha en el mundo laboral, si efectivamente en Chile las mujeres ganan menos que los hombres o les cuesta más surgir en el mundo laboral. Dejando de un lado realidades crueles como el % de diferencia salarial, puedo decir que en estos casi 8 años de vida en Chile, lo peor que me ha pasado desde el punto de vista profesional ha sido sufrir menoscabo laboral por parte de otras mujeres, en general con cargo superior al mío. Por lo mismo, he llegado a preferir trabajar con hombres.

Es algo complejo hablar o escribir sobre este tema porque se supone que las mujeres deberíamos tener una especie de solidaridad de género. La cosa es que si lo miro fríamente y saco una cuenta de los jefes y pares que he tenido en estos casi 16 años desde que estoy en el mercado laboral, mis peores experiencias han sido con mujeres como superior jerárquico. Ahora bien, el top 5 ha sido en Chile, y no sé si eso es coincidencia, o tiene que ver con que naturalmente he ido creciendo en la jerarquía y me ha tocado estar en cargos más expuestos al conflicto, o porque hay “algo” más de naturaleza cultural que lo explica. Pero trataré de no echarle la culpa a Chile en todo caso 😉 dado que el maltrato laboral entre mujeres es un fenómeno global.

Cómo se manifestó el abuso de poder y el maltrato laboral

1. Amenazas

Con la #1 en orden cronológico del top 5, podía ser algo como un “¿Sabes qué le pasó a X, no?”, dicho en voz alta, en un piso abierto donde claramente todo el mundo escuchó. X había sido despedido un tiempo atrás porque básicamente no cumplía sus funciones. Yo sí las cumplía, tenía un buen desempeño, buenas evaluaciones. Sus “acusaciones” eran que yo hacía más de lo que me pedían. Nunca me acusó de descuidar mis funciones, lo que tampoco hacía, solo que según ella me excedía.

En un momento llegué a pensar que la culpa era mía, que no había analizado el cargo y la organización antes de entrar a trabajar allí y como de alguna manera tenía que partir de cero (o casi) porque llevaba poco tiempo en Chile, podía hacer más de lo que me estaban pidiendo por la definición del cargo. Y como siempre me ha apasionado mi pega, obviamente quería dar lo mejor de mí. En ese momento ni siquiera pensaba en crecer en la jerarquía, yo solo quería hacer bien las cosas.

2. Amenazas, desconfianza, estrés constante

En otro trabajo, las #2 y #3 tenían ellas mismas una relación de amor y odio y conmigo igual, nunca sabía cómo iba a ser el día. Una vez por casualidad escuché a #3 gritar a #2 a puertas cerradas que me tenía que controlar, que debíamos llegar a la meta y bajo ningún punto de vista podíamos bajar los resultados. Yo iba caminando por el pasillo y al escuchar los gritos quedé asombrada. Analizando la situación, pienso que el problema era la inseguridad, la falta de confianza de que íbamos por el buen camino y que las iniciativas que llevamos nos iban a traer buenos resultados. Obviamente si mi equipo y yo no llegabamos a la meta, ellas la iban a pasar mal, y eso representaba un estrés constante que se transmitía de arriba hacía abajo. Por lo menos allí aprendí que uno como líder no puede transmitir su estrés y más que nada no puede desconfiar de su equipo. Había una inestabilidad en el aire, lo más frecuente siendo pasar de las felicitaciones a las inseguridades en la misma semana.

Algo en común de #1, #2 y #3 era la desconfianza en sus respectivos equipos y la inseguridad. Hasta llegué a pensar que temían por su cargo, que me veían como una amenaza. Si estás leyendo eso y te encuentras en una posición de jefatura, te dejo esta inquietud: ¿por qué desconfiar de la gente que contrataste? En los 3 casos, ellas tenían más años liderando equipos, mientras que yo tenía más experiencia como especialista de mi área. Mi propósito era hacer bien mi trabajo, no quitarle nada a nadie. Si quieres controlarlo todo y nunca salir de tu zona de confort, no puedes contratar personas con conocimientos complementarios a los tuyos. Tendrías que hacerlo tú todo y eso es no tiene sentido en una organización.

3. Favoritismo, diferencias salariales, falta de interés, menoscabo laboral

Pero lo anterior no es nada al lado de las #4 y #5. Digamos que la #4 era mi par y la #5 nuestra superior. #4 ganaba algo así como 25% más que yo y tenía a cargo menos de 50% de las personas que tenía yo. Como el ser humano tiene memoria selectiva, claramente decidí no llenar mi vida de rencor, por lo que he ido dejando estas cosas en un baúl secreto para concentrarme en las nuevas etapas que fueron llegando a mi vida. Por lo mismo, en vez de hacer memoria, aquí les dejo unos fragmentos de una carta que escribí hace unos años, carta envié al gerente general y al presidente del consejo de administración de la empresa:

“Agendar una reunión con ella (nota: #5) se convirtió en un trabajo titánico y extenuante. (…) nunca me había tocado un superior tan inaccesible. (…) También me dí cuenta que la tecnología no la entusiasmaba tanto como el marketing, las campañas, las agencias, etc. y acepté que mi labor la tenía que compartir con mi equipo solamente.

No sé qué detonó su falta de interés y el alejamiento. Analizando esto, lo puedo asociar con una conversación en la cual le compartí mi sorpresa e inquietud por las brechas salariales dentro de mi equipo. Brechas entre personas con perfiles similares dentro del mismo equipo o la empresa. Y también brechas con el mercado. En ese momento M. me dijo que esa era la realidad y que si no me gustaba, es que yo estaba en el lugar equivocado. Mi error fue haber seguido la conversación y haberle dicho que además me llamó la atención la diferencia que existía entre mi sueldo y el sueldo de dos de los jefes de mi equipo es decir que prácticamente percibíamos casi lo mismo. También le mencioné que yo tenía a cargo la mitad de la gerencia – en ese momento 39 personas – y que no encontraba lógico que me hubiesen ofrecido el menor sueldo entre todos los subgerentes y un poco más que dos jefes. M. me expresó que no le podía decir eso, que yo acepté y que si no me gustaba, que los echara (!) y que R. – la anterior subgerente – los había contratado y ella no tenía nada que ver con eso.

Desde ese momento las reuniones y conversaciones con M. se hicieron cada día menos frecuentes y el ambiente más bien tenso y denso.

Algunos ejemplos de temas relacionados con las personas y el clima laboral:

  • M. nunca organizó un almuerzo de equipo con sus reportes directos (…).
  • M. no vino a la pagada de piso colectiva que se realizó entre los nuevos integrantes (…)
  • (…) organizamos un desayuno de bienvenida donde invitamos al resto de la gerencia. Los analistas, PM, etc. vinieron, pero no M., ni los otros subgerentes. M. aprovechó de agradecerme públicamente durante la reunión de gerencia por preocuparme.

En general los temas de RRHH del equipo que tienen que ver con capacitación, becas, etc. nunca fueron considerados. (…) Quedó pendiente el plan de capacitación 2014 del cual no se realizó nada (!) en términos de seminarios, cursos, etc. (…) espero que en lo que queda del año los chicos puedan acceder a lo que a cualquier trabajador que se desempeña bien y es comprometido le debería corresponder: oportunidades para aprender, mejorar y hacer mejor su trabajo. Además fuimos la única gerencia que no gastó nada en capacitación en 2014 (…)

A pocas semanas después de mi integración (…) organicé una reunión con TI de manera de compartir la visión de canales y el plan estratégico, es decir hacía donde queríamos ir. (…) M. no vino.

En diversas ocasiones me di cuenta que el equipo de marketing tenía información que yo y mi equipo no teníamos sobre el por qué de las cosas, las decisiones estratégicas, los alineamientos, etc.

Con A., (nota: #4) las discusiones fueron varias. Siempre porque ella veía la web como “un medio más”, porque yo trataba de explicar que no es así, que la web no es para poner banners, que hay temas de relacionamiento detrás (…). Es decir, al final A. se convirtió en una segunda jefa, con el poder delegado por M..

De todas maneras A. tenía la razón y M. le daba mano libre para hacer lo que ella consideraba. Nosotros teníamos que “ponernos de acuerdo” con A. En el fondo conseguir aprobación de A. para avanzar (…).

  • M. hablaba directamente con jefes de mi equipo, solicitándoles presentaciones, agendando reuniones. Al final los cercanos a mí me enviaban las citas a reuniones y me comentaban.
  • M. dejó de contestar mis correos y llamadas.
  • Su trato era rudo y poco gentil (gritos).

Obviamente lo anterior me afectó la motivación y el interés por seguir adelante. En agosto quería renunciar pero después de la retroalimentación de M. – que fue buena – pensé que aún quedaban cosas por hacer y que se podía seguir luchando. Desde ese instante (…) no he vuelto a verla en una reunión líder – colaborador. Es decir pasaron casi tres meses sin reunirme con ella. Durante la retroalimentación me dio un buen feedback sobre mi preocupación por las personas, las metas, las métricas y el seguimiento cercano de los indicadores. También me dio buenos comentarios sobre mi iniciativa, el espíritu innovador. (…)”

Nunca tuve respuesta a esta carta. Mi intuición dice que de alguna manera hay cosas que han cambiado allí. Lo curioso es que el mismo gerente de recursos humanos – el par de #5 – me comentó que tenía materia para demandarla, cosa que no hice. Lo pensé con la almohada y decidí concentrarme en lo bueno de mi vida y no potenciar las malas vibras que ya estaban afectando mi salud. Además de problemas constantes con colón inflamable – me levantaba hinchada como embarazada de 7 meses, había tenido que recurrir a una terapeuta.

Como el mundo es chico, un colega del área que curiosamente había trabajado con #2 y con #5, me dijo meses después “oye, porqué no me preguntaste por M.? Era una perra”. En verdad, nunca antes había pensado pedir referencias sobre un jefe potencial pero si tienen la ocasión, háganlo. Averiguen bien con quién van a trabajar para que su cotidianidad no se transforme en una pesadilla.

¿Estos son casos aislados? No creo. Al contrario, mis experiencias positivas con mujeres como superior jerárquico han sido la excepción.

El maltrato laboral entre mujeres es un fenómeno mundial

El Workplace Bullying Institute de Estados Unidos reporta que 70% de los maltratos laborales que sufren las mujeres viene de otras mujeres.

Del otro lado de la Cordillera, en Argentina, según menciona El Clarín “son las mujeres las que más denuncian: el 60% de presentaciones las hacen ellas. Lo llamativo es que apuntan a otras mujeres, sus propias jefas. Según estadísticas de la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OAVL), que depende del Ministerio de Trabajo de la Nación, así lo hizo el 86% de las denunciantes. Y en cuanto al tipo de maltrato, la violencia psicológica se dio en el 81% de los casos.”

¿Por qué las mujeres son “bitches” entre ellas?

Lo que más me llama la atención en la literatura acerca de las relaciones laborales entre las mujeres, es que al parecer cuando una mujer llega a tener una posición de alto liderazgo, empieza a cuidar su puesto y desconfía de su entorno. ¿Será que les cuesta tanto llegar a la cúpula del poder en un mundo laboral muy competitivo y dominado por hombres en altos cargos, que cuando llegan allí arriba se olvidan de donde partieron y tienen temor a perder lo que han logrado con tanta dificultad?

En un estudio realizado en la Universidad de California en Los Angeles, los participantes comentaron que las mujeres jefas son “emocionales, maliciosas y perras”. Cuanto más tiempo y experiencia tienen en el mundo laboral, las mujeres prefieren tener superior jerárquico hombre, en vez de mujer. En un artículo de The Atlantic, Olga Kazhan hace un excelente análisis abordando las causas complejas de este fenómeno.

Somos cómplices si no denunciamos

Así es. Por mi lado, nunca he tenido el poder de hacerlo. Quizás por miedo de las consecuencias o que no me vean como conflictiva, al final me quedé solo en compartir mis vivencias con compañeros y amigos, y lamentablemente me traje el estrés para la casa, por lo que mi pareja se tuvo que bancar los altos y los bajos del ascenso. Además de la terapeuta, obvio.

Analizando las conversaciones con los compañeros, uno siempre termina disculpando este tipo de actitud y hasta piensa que lo alimenta por tener un carácter “fuerte”. Pero no es así, no debiese ser así. Nadie debería sufrir en su trabajo.

Ahora estoy de alguna manera mirando desde afuera el mundo corporativo porque me dedico a estudiar, investigar (estoy realizando un doctorado) y emprender, por lo que ya no me afecta tanto hacer este tipo de reflexión. Aunque sigo trabajando con mujeres, las relaciones han cambiado y dado que ya no existe ese vínculo subalterno – superior, afortunadamente nunca más me he sentido víctima de abuso de poder. Y ustedes, ¿qué experiencia han tenido con las mujeres en posición de liderazgo?

¿Y si tratáramos de ser más gentiles entre nosotras? Además de pedir respeto de los hombres, pidamos respeto de nuestras pares.

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Lecciones de liderazgo aprendidas de mi primer (gran) jefe

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¿Cuándo fue la última vez que tu jefe fue más que un superior y lo viste como líder y mentor? Si bien en LinkedIn y Facebook están dando vuelta un montón de caricaturas con las diferencias entre un jefe (o manager) y un líder, y todos tenemos más o menos clara la diferencia, te apuesto que si haces un análisis honesto, la cantidad de líderes / mentores en tu vida laboral ha sido o es mucho menor que la cantidad de jefes. Cuando pienso en un líder y mentor, tengo en mente a alguien que te acompañe, sobre todo al inicio de tu carrera – o, si ya llevas años trabajando – al inicio de tu carrera como líder. Puedes aprender mucho en el camino, leerte un sinfín de libros, ver películas de emprendimiento o hacer un MBA, pero te aseguro que nada reemplaza un verdadero mentor. Alguien que admires, que te guíe, te enseñe a través del ejemplo, que sepa corregirte cuando te equivocas y que se muestre preocupado por tu evolución más allá de tu cargo y de la empresa, que se preocupe de tu futuro y de tu formación como profesional. Esas personas son raras.

A cada cierto tiempo me acuerdo de Daniel, mi primer gran jefe. Daniel es un “dinosaurio” del marketing y de los negocios y era vicepresidente de la empresa donde hice mi práctica y después quedé como encargada de marketing, en Canadá. En esa época yo tenía poco más de 20 años y el más de 50. En los casi 2 años en los cuales hemos trabajado juntos, y sin querer queriendo, me transmitió algunas lecciones de liderazgo que fueron fundamentales para formarme como profesional y ser como soy hoy día.

Empoderar las personas sin dejar de ser exigente

En marketing y ventas había mucha gente joven y también varios de la vieja guardia. A los antiguos les costó un poco su llegada al equipo porque era súper exigente, por lo que a veces tenían temor de tomar la iniciativa para no equivocarse. Por otro lado, los nuevos (y jóvenes) tuvimos la suerte de encontrarnos con él al inicio de nuestra carrera para que justamente nos de el espacio y el impulso para tomar iniciativas.

Por otra parte, era algo normal participar a reuniones con la alta dirección, dar cuenta de los avances de los proyectos y opinar de las diferentes iniciativas. Se puede tener 24 años y estar en una sala de reuniones con gente con más experiencia y responsabilidad y expresarse libremente, sin miedo que te van a reprimir.

Dejar que los más jóvenes “jueguen”, se equivoquen y aprendan

Daniel me dio manos libres en una serie de proyectos importantes para la empresa como el rediseño del material de comunicación corporativo en el marco de un proyecto de rebranding y rediseñar la web. Eso fue hace 11 años atrás (2006). Una vez íbamos a participar a una feria comercial en Estados Unidos, teníamos material de punto de venta recién diseñado y una web con la imagen antigua. Como estaba súper preocupada por la consistencia y la imagen de la marca, le dije a Daniel que no podíamos ir a EU así. ¿Qué hizo? Dejó que rediseñaramos la web y lo hicimos prácticamente en una noche con la diseñadora y dos desarrolladores. Tomamos café hasta que reventamos la máquina y pudimos dar la cara frente a nuestros clientes y distribuidores. Después hicimos algunas mejoras pero básicamente lo grueso fue hecho en un fin de semana. Ese sitio web duró hasta hace muy poco. Tuvimos poco o nada de supervisión pero él confió en nosotros. ¿Podíamos habernos equivocado? Obvio. ¿Podíamos haberlo hecho mejor? Obvio. Pero también podía haberme encontrado con un jefe muerto de susto que necesitara mil aprobaciones de sus superiores, haber ido a ese evento y a otros más, haber dejado que pasara el tiempo sin hacer nada.

Confiar en las personas

No sé si fue él o la suma entre el y la empresa en la cual estaba, pero creían en mí y me potenciaron. En esa época yo hacía mi pregrado y si bien entré haciendo una práctica (bien pagada y con responsabilidades, no sacando fotocopias), me quedé como líder de proyecto y después encargada de marketing, trabajando y estudiando a tiempo completo. Entendiendo que todo era importante para mí, me dieron la libertad de trabajar a distancia mientras fui a tomar un curso de verano de inglés en otra provincia, seguir trabajando mientras visitaba a mi familia en Rumania – para no tomarme vacaciones sin saldo y así disminuir mis ingresos. También tuve la oportunidad de viajar a Chile y Argentina en misiones comerciales con la universidad y en paralelo hacer un proyecto para la empresa. Con la altura de mira de estos 8 años en Chile, puedo decir que nunca he visto acá una empresa donde se le diera esta libertad a un colaborador. Y aún menos a uno joven que está recién partiendo su carrera. Por lo mismo, un líder es potenciado o aplastado por su entorno. En este caso, la empresa o la alta dirección (empresa = personas) confiaba en él y el podía confiar en su gente.

Preocuparse de los detalles

Una de las cosas que teníamos en común con Daniel era sin lugar a duda la obsesión por la calidad de los contenidos. Era de esos VPs que se leía todo al revés y al derecho y encontraba pifias en los textos que la agencia nos enviaba, los correos de la gente de ventas y las propuestas de otros compañeros de marketing. Si bien el francés no es mi idioma materno y nuestros contenidos eran principalmente en francés e inglés, yo hacía lo mismo que él, encontraba pifias por todo lado. Eso tiene que ver con la preocupación por la imagen de la empresa. La preocupación por la calidad del producto y la experiencia del cliente pasa también por lo que se escribe y en general lo que se comunica, ya sea en un folleto, en un material de punto de venta o en la web. Si como líder te preocupas por los detalles y eres minucioso, existe la posibilidad de transmitirlo a tu equipo.

Dar oportunidades

Varias personas dentro del equipo tenían resultados “perfectibles”, por no decir que habían cometido algunos errores – nada de vida o de muerte, por cierto. El nunca cortó cabezas a diestra y siniestra – como lo he visto acá, en Chile, en varias oportunidades. Les dio a todos una cantidad suficiente de oportunidades y les dio feedback para mejorar. Finalmente recuerdo que tomó decisiones difíciles pero las tomó. Con el tiempo, me he dado cuenta que también tiendo a darles oportunidades a las personas. Cuando estuve en un cargo alto, en más de una ocasión he tenido que “defender” a mi gente frente a mi superior quien, por razones insípidos quería despedirlos. Básicamente, lo que aprendí de Daniel es que uno no puede jugar con las personas como si fueran peones en una tabla de ajedrez.

Hacer las cosas con pasión

Hay demasiada gente que trabaja por necesidad y lamentablemente pocos tenemos la posibilidad de elegir nuestro trabajo por vocación y pasión. Por lo mismo, hay que ser responsable y no hacer de la ida a la oficina una rutina enfermiza porque así corresponde o así se ve bien en nuestra sociedad. Es cierto que el mundo no funciona solo en base a pasiones y que también toca hacer cosas por deber, pero cuando tienes la oportunidad de elegir, tienes que tomarlo también como una responsabilidad.

Ser auténtico

Él era exigente y no necesariamente cercano en el sentido de hacerse amigo de todo el mundo. Pero cada semana iba a almorzar con alguno de nosotros, a veces con varios. Sin que sea una rutina, ni una obligación para quedar bien en la encuesta de clima. Otras veces no iba porque estaba ocupado. Ser auténtico tiene sus pros y sus contras. A algunos les puede gustar, a otros no. Personalmente prefiero trabajar con gente auténtica y transparente y no con personas que hacen lo imposible para quedar bien con todo el mundo.

Con Daniel aprendí mucho de marketing porque él era un dinosaurio, como me gusta decirlo. Pero lo que más me marcó fue aprender en el plano humano y organizacional. Sin que nos pusiéramos de acuerdo sobre su rol, un día conversamos y se estableció en la conversación que él era mi mentor. Y eso fue tan potente que el dia en el cual le avisé que me habían ofrecido un cargo en otra parte y que iba a ser 100% web, nos miramos y entendimos que ya no había que ofrecerme porque los nuevos desafíos que me proponían eran netamente técnicos. Si bien había un aumento salarial lógico, no me iba por el sueldo. Me iba porque allí donde estaba había topado techo en este sentido. Llevaba dos años y, por las características de la empresa, era imposible que a corto o mediano plazo nos convertiremos en una empresa con un área digital relevante. Eso también es ser líder: preocuparse por el futuro de la carrera de tu equipo, ayudarlos que tomen buenas decisiones para ellos, aunque a veces a ti no te acomoda porque estás perdiendo un jugador importante.

Dicen que las personas no dejan las empresas sino que dejan a su jefe. Es extremadamente difícil dejar un buen líder. De hecho, ese día se nos cayó una lágrima a cada uno.

Si no tienes un jefe – líder o, mejor aún, líder – mentor, deberías apuntar a tener uno. Obviamente cuando uno llega a una empresa, no tiene idea con que se va a topar. Después de 15 años de tener una serie de jefes cada uno más diferente que otro, puedo decir que algunas cosas sí se pueden planificar pero cuando uno es muy joven no se da cuenta de eso y toma decisiones en base a factores como el cargo, la plata, los beneficios. Todo lo anterior es súper relevante a la hora de elegir un trabajo pero si además puedes elegir un líder con el cual trabajar, deberías hacerlo. Deberías informarte y saber con quién vas a pasar días enteros y eventualmente años de tu vida. Que la euforia de tener un (nuevo) trabajo no te pille poco preparado.

Por otra parte, si no tienes un jefe – líder, deberías buscar uno. Sobre todo si estás al inicio de tu carrera profesional o si apuntas a un cargo de mayor responsabilidad. Un mal líder hace malos líderes aunque cueste reconocerlo.

Y tú, ¿qué aprendiste de tu mejor líder?

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Pasar de lo digital a lo análogo

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A pesar de usar diariamente Evernote, Google Drive, Slack y otras aplicaciones para tomar notas, planificar tareas y hacer el seguimiento de los pendientes, encuentro que nada puede reemplazar el papel. Y no soy la única. Varios hablan de la “revolución análoga” como la tendencia de nuestra sociedad occidental para volver a valorizar el papel, el lápiz y los otros objetos análogos en plena era de la transformación digital. Creo que nunca se perdió el interés por escribir usando papel y lápiz, salvo que el uso que le hemos dado ha cambiado.

Hace poco más de diez años, cuando me fui a estudiar a Francia, las cartas de motivación de los postulantes se hacían a mano. En verdad Francia siempre ha sido un caso especial en reclutamiento y selección de personas – en el sentido que se ha usado y se sigue usando mucho la grafología como prueba de selección – pero aún así, me llamaba mucho la atención. En esa época aún escribía cartas a mano, por lo menos para mi abuela. Hoy la llamo por Whatsapp. Ella me sigue enviando cartas por correo postal. Y yo nunca perdí el contacto con el papel.

Sin embargo, hoy veo el papel como algo muy personal, muy “mío” – más que un medio de comunicación, es un medio para anotar mis ideas, pensamientos y, sobre todo, para vaciar la mente frente a la multitud de ideas y tareas. Es una especie de terapia. De hecho, algunos ocupan el acto de escribir como técnica de productividad que apunta a vaciar la cabeza y empezar a “hacer” cosas en vez de seguir pensando.

Además, como investigadora, el papel ha sido un gran compañero, permitiéndome tomar notas de hallazgos y observaciones en terreno. Si bien estamos grabando con audio las entrevistas, para su posterior transcripción, codificación y análisis, las notas que surgen espontáneamente están allí como testigos de un momento único: la interacción con la persona que tengo en frente.

Y más que todo, escribir es una pasión y el acto de escribir sobre un rico papel es fundamental. Al igual que las libretas se convirtieron en una pasión.

Pero este relato no tiene que ver con lo análogo versus lo digital. Tampoco con el rescate del análogo (no lo necesita). Y tampoco trataré de convencerlos de lo único que es escribir sobre papel. Es una pequeña nota para decirles que junto con Yurizan, amiga y socia, nos lanzamos en la fabricación manual de libretas. Así es, dos chicas digitales que comparten una pasión por las libretas. Los invito a conocer Fló Papeleria, a seguirnos en Instagram y Facebook y, porqué no, a comprar un autoregalo o regalo en nuestra tienda online.

Al parecer por fín le podré decir a mi abuelo lo que estoy haciendo en menos de 5 palabras, ya que eso de la “usabilidad”, “experiencia del usuario” o “ayudar a la empresas a mejorar la experiencia del usuario” nunca ha sido fácil de digerir. A lo más, le decía que hacía consultoría. Nótese que mi abuelo nunca ha tocado un computador y es un ermitaño. Para los que conocen UsabilityChefs.com, no se preocupen, todo sigue adelante.

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El sentido común versus el cliente y las siglas [UX, CX, DS y otras salsas]

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Dicen que el sentido común es el menos común de todos los sentidos. Si es así, déjenme decir que en UX, CX, DS y otras salsas raras, el sentido común es un ingrediente escaso. En los últimos años hemos sido testigos, tanto en Chile como a nivel regional y mundial, de un auge de tendencias, buenas prácticas, metodologías, herramientas e instrumentos para mejorar la evaluación y la calidad de la experiencia del usuario (UX, del inglés “User Experience”) y la experiencia del cliente (CX, del inglés “Customer Experience”). Las empresas están implementando medidas puntuales o claramente adoptando una visión del negocio orientada al cliente, diseñando experiencias de servicios (DS, de “diseño de servicios”) centradas en el cliente.

Como profesional que se desenvuelve en estas disciplinas, investigadora y a la vez usuaria o consumidora de productos y servicios, no puedo dejar de llevar un registro de experiencias notables, en un sentido o el otro. Lamentablemente cuando uno mira lo que realmente nos está pasando en el día a día, es imposible no hacer una observación trivial: la falta de sentido común lo arruina todo.

Algunos casos de mi cuaderno de notas de campo:

1. Persona común y corriente va al supermercado a comprar queso

No sé si a ustedes les gusta el queso laminado o tienen alguna preferencia especial, pero yo suelo comprar queso mozzarella o de cabra, y me encanta que venga laminado. Algo absolutamente sistemático: a cada vez que voy a comprar mozzarella en el supermercado express cerca de mi casa y pido por favor que lo laminen, me dicen que no. Que no es posible. ¿Por qué?, pregunto yo. De chica me enseñaron que “por qué” es la pregunta de las personas inteligentes, y de grande me enseñaron que es la pregunta preferida del investigador. Me responden “no laminamos”. O sea no se puede. El gerente no les mandó una nota diciendo que se podía laminar el queso. Solo el jamón. El queso se corta en un trozo grande y si te gusta, bien. Si no, adiós. Una vez fui testigo de un reclamo de un cliente quien quería un jamón con cierto tipo de laminado. Tuvo que pedir que llegara el jefe para que le hicieran “el favor”.

Como la vida del amante del queso no puede ser tan mala, les cuento que en el Mercado Providencia en el local de quesos, los gentiles señores que atienden, te preguntan cómo quieres tu queso. O sea, un comercio de barrio tiene mejor máquina para laminar que una cadena de supermercados. Les apuesto que estos señores no tienen incentivos, ni bonos de desempeño, capaz que ni tengan aguinaldo o programas de formación “world class” (otro término raro) para dejarlos con “actitud de servicios”.

2. Persona común y corriente no entiende porqué le cobran un servicio de Roaming a Nigeria cuando nunca ha llamado a este país

Ojo, no es chiste. Llamo a la compañía de telecomunicaciones y explico que en verdad no conozco a nadie en Nigeria y no he hecho llamadas a este país mientras me encontraba en Europa hace un tiempo atrás. Dejo un reclamo. Me avisan que me volverán a llamar en x días para dar respuesta. Nunca me llaman. Vuelvo a llamar y no pasa nada. El ejecutivo me dice que el gasto sí, se hizo y que si no me gusta la solución (qué solución?!), que reclame en la Superintendencia de Telecomunicaciones (SUBTEL). Me enojo y, llena de esperanza que un ser pensante me va a solucionar el problema, parto a la sucursal donde me dicen lo mismo, que la única alternativa es reclamar en la SUBTEL. Me doy la lata de inscribirme en la SUBTEL, envío un reclamo y en unos días me llaman para pedirme disculpas. Además, me dan un crédito por el valor total del monto en cuestión y me regalan $35.000. ¿Por qué? Porque reclamé.

3. Emprendedor común y corriente va a cobrar un vale vista

En 2015 recuerdo haber pasado una tarde completa entre la sucursal del banco y la notaría para registrarme como representante legal. Es decir, darme un poder notarial a mi misma (si, si, a mi misma!?!) para ir a buscar el vale vista y depositarlo en el otro banco donde está la cuenta corriente de la empresa. Dejando de un lado que el vale vista me parece medio obsoleto en 2015, en verdad no te queda otra que hacer el trámite. Ahora bien, en noviembre de 2016, me entero que el poder venció y, por lo tanto, tengo que volver a pasar una tarde en la notaría, para volver a registrarme. Calculen lo que significa para un emprendedor estar una o dos horas en la cola de la notaría. Más el tiempo del desplazamiento, más el tiempo en la cola del banco. En otro banco, me pidieron volver a presentar un certificado del Conservador de Bienes Raíces.

Supongo que no es un tema legal (y si fuese así, nadie dijo que las leyes están hechas necesariamente desde el sentido común o la simplicidad) ya que en otros bancos me registré como representante legal una sola vez y de allí no tuve que renovar nada. Otros bancos, si bien me han pedido la copia del documento de identidad y llenar algún formulario, no han exigido registrarse ante el notario.

Reflexiones

Desde la perspectiva del cliente, algunas situaciones, como la primera, tienen una solución: comprar queso laminado (y rico además!) en el mercado en vez del supermercado. Otras tienen soluciones parciales: portabilidad numérica de una compañía de telecomunicaciones a otras. En cambio, algunos contextos – el banco – te obligan a ser un ratón más en el sistema que pedalea para sobrepasar la situación mientras tuitea su rabia. Bueno, por lo menos tengo las herramientas para solucionar el problema. ¿Qué pasa con el ciudadano que tiene menos herramientas / tiempo / conocimiento / paciencia?

Ahora bien, desde la perspectiva del profesional, en un mundo donde todos hablan de innovación, migración de atenciones de canales tradicionales a digitales, omnicanalidad, diseño de servicios, experiencia del cliente, experiencia del usuario (agregar acá todo el vocabulario de moda – de disciplinas, metodologías o herramientas), pienso que la falta de sentido común es un síntoma de una sociedad que necesita cambiar de perspectiva a la brevedad. Lo bueno es que hay mucho trabajo por hacer. Lo malo es que es desconcertante ver lo lejos que estamos de una sociedad amable con los consumidores y ciudadanos.

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Mi mal karma con los desarrolladores: no eres tu, soy yo

desarrollador

Todo el mundo conoce un desarrollador y te puede recomendar uno. Hasta mi padre dice que me puede pasar varios datos de desarrolladores (nota: mi padre es un empresario en el mundo de los autos y el desarrollo web no es una de sus preocupaciones). Después de varios años en Chile, rodeada de gente de tecnología, desde ex-compañeros de trabajo, a amigos o conocidos, hace tres años no me imaginaba que iba a ser difícil encontrar un desarrollador para mi empresa. Mejor dicho, no pensaba que iba a ser difícil llegar a un entregable decente de una plataforma Saas. O quizás el tema no ha sido necesariamente encontrar EL desarrollador, sino que lograr el desarrollo de una plataforma, con 1, 2, 3 o x desarrolladores.

El cuento corto

Después de haber pasado por las manos de unos 6 desarrolladores, una plataforma que no se veía de mayor complejidad técnica, aún necesita intervención. ¿Qué pasó?

    • Desarrollador #1: Después de unos meses, se desaparece. Casi por casualidad nos enteramos que se enfermó fuertemente. Casi se murió.
    • Desarrollador #2: Parte involucrado bien pero al rato se da cuenta que su trabajo de día lo colapsa y se desaparece progresivamente.
    • Desarrollador #3: Parte involucrado como avión, se desaparece, después vuelve, pide disculpas y se vuelve a integrar. Después se vuelve a desaparecer, deja entender que tuvo un problema sentimental, pelea con su novia y se lo traga la tierra. Eso es un proceso cíclico del cual no llevo catastro formal pero fueron varias las instancias. Entraré en detalles más adelante ya que su huella quedó bastante fuerte.
    • Desarrollador #4: Amigo del 3, finalmente no tiene tanto tiempo como estimaba y en una de esas se desaparece con el #3.
    • Desarrollador #5: Se demora 15 días en supuestamente evaluar el esfuerzo necesario, pero como nunca más supimos de él, le dijimos que ya no era necesario.
    • Desarrollador #6: Parte súper responsable. De vez en cuando cae en el silencio y vuelve a surgir. En una de esas se enferma pero vuelve como si tuviese todo ordenado y fuese el más responsable de la tierra.

Esto sería un corto resumen de los intentos de trabajar con desarrolladores independientes (freelancers) en una plataforma Saas. Les comentaré también acerca de las aproximaciones con empresas de desarrollo, plataformas de crowdsourcing, desarrolladores de la India, estudiantes y otros desarrolladores en un contexto diferente (como la mantención y la mejora continua).

No cabe la menor duda que estos múltiples intentos fueron la ocasión para un largo y tortuoso proceso de introspección, por un lado, y análisis del comportamiento y actitud de los demás, por otro lado. Sin olvidar mi inquietud académica y cierta tendencia a profundizar y tratar de entender el “por qué”, conversé con varias personas, tanto desarrolladores como emprendedores, y revisé los trabajos académicos que se han realizado acerca de los equipos de desarrollo, la motivación de los distintos perfiles y las problemáticas que surgen.

El cuento largo en un próximo capítulo.

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De todo un pocoNegocios

La libertad no tiene precio

emprendimiento-libertad

Suponiendo que eres emprendedor, académico, estudiante de postgrado o freelance, por lo que tienes lo que muchos pares llamarían “libertad” y te contacta un headhunter para ofrecerte un buen sueldo fijo, bonos, un montón de otros beneficios y un supuesto desafío profesional que te haría rockstar en una gran organización. ¿Qué haces? ¿Vendes tu alma al diablo?

Una amiga me mandó esta oferta laboral:

oferta laboral

Si la letra es muy chica, les comento que es un cargo de Coordinador de proyecto fortalecimiento Chileatiende Digital con una renta bruta mensual de 4.800.000 pesos chilenos. Eso es algo como 7.300 USD. Por un cargo profesional (no es subgerencia, ni gerencia), es mucha plata. Al parecer lo que están buscando calza con mi perfil: liderar una iniciativa de migración de atenciones presenciales a digitales, velando al mismo tiempo por la mejora del servicio.

Hace un par de meses, un amigo extranjero que estuvo varias veces en Chile, y ahora volvía con el programa Startup Chile, me dijo que una empresa local le ofreció un sueldo de $10.000.000 para ser CTO (Chief Technology Officer – para los lectores que no son del área, sería así como gerente o director de tecnología). Eso significa unos 15.000 USD y es mucha plata para Chile y para una serie de países. Sin embargo, él decidió seguir con sus emprendimientos.

En estos casi dos años de regreso al emprendimiento y al mundo académico, he vuelto a probar el sabor de la libertad. La libertad profesional, de pensamiento, de expresión y hasta de movimiento.

El hecho de no tener que justificar una recomendación o definición estratégica a un jefe que piensa que te quieres lucir o le quieres quitar su puesto, no tiene precio. Me encanta enseñar, evangelizar, y a la vez aprender mientras enseño. Esto es mucho más valorizante cuando estás frente a alguien que quiere aprender (estudiante o cliente) que cuando tratas a toda costa que algo cambie en la organización en la cual estás y pareciera que vas solo contra los molinos de viento. Aunque como emprendedor tengas que tomar decisiones porque “debes” y no solo porque te gusta, al fin y al cabo, en el balance tienen que haber más elementos positivos que obligaciones. A eso le llamo libertad profesional. E incluye la libertad de pensamiento y de expresión. Saber que puedes transmitir libremente todo lo aprendido y vivido en tu vida laboral sin tener miedo que tu superior o tus pares se sentirán amenazados, no tiene precio. Colaborar y negociar con un espíritu constructivo es impagable. Hasta ahora he visto una colaboración sana entre emprendedores, académicos y equipos pequeños.

Tomar el café de la mañana junto con un reporte, paper o artículo profesional para instruirte, en vez de estar luchando con el transporte público de las 8 para llegar estresado y atrasado a las 9, no tiene precio.

Ver un amigo el día lunes a las 11 para tomar un café, arreglar el mundo y debatir ideas de negocios, es otro ejemplo que todos deberíamos poder hacer sin pedir permiso, ni perdón.

O bien agendar una hora al médico a las 12:30 y no a las 19 en pleno horario punta cuando las calles están llenas de gente estresada.

En lo que va de este año 2016, he pasado un 40% del tiempo viajando. Prácticamente no he parado y no he tenido vacaciones con desconexión total (tipo vacaciones clásicas de 2-3 semanas), en el sentido que el notebook y el smartphone me han acompañado a todas partes. Sin embargo, he podido ir a almorzar a la playa un jueves cuando el miércoles anterior me quedé hasta tarde terminando un informe. Y he vuelto el viernes ultra motivada y reenergizada para seguir avanzando.

Hoy en día, con aplicaciones como Google Drive (para trabajar de forma colaborativa en un documento), Skype, Slack, Whatsapp y otras, para muchos de nosotros ya no es necesario estar amarrado a un espacio físico determinado. Los equipos de trabajo remotos y distribuidos son una realidad, y cuando el rubro en el cual trabajas y estudias, te lo permite, y si es lo que te mueve profundamente, tienes que hacer que esta sea la realidad.

Es más, una de las grandes libertades que tenemos y una tremenda responsabilidad a la vez, es la de crear valor, experimentar y hacer la diferencia. Es cierto que una gran empresa te da los recursos para hacerlo, sobre todo los recursos materiales. Pero una pequeña organización te da la flexibilidad para experimentar, eventualmente equivocarte y volver a empezar.

Obviamente, tener una empresa, estudiar o ser freelance no significa hacer lo que quieres o perder la responsabilidad. Para nada. Tienes pagar remuneraciones, proveedores, impuestos y otros, asumir responsabilidades frente a tus clientes, manejar el flujo de caja, identificar colaboradores, lo que significa muchas veces hacer circo pobre, trabajar hasta tarde o no conseguir el sueño de preocupación. Mi padre me decía una vez: “si hubiese querido estar tranquilo, estaría contratado en una empresa, no velando por el futuro de mi empresa”.

Volvamos a la pregunta del inicio: ¿Qué harías? Ojo, no juzgo a ningún emprendedor que decidiría dejar lo suyo para volver definitivamente o temporalmente al mundo corporativo. De hecho, también lo hice en mis primeros años en Chile, por lo que entiendo muy bien lo que se siente y se piensa. Lo hice principalmente porque sentía que me faltaba conocer más de cómo es trabajar con los chilenos, desde adentro, y no desde la consultoría o la postura del proveedor. Y también porque necesitaba un poco de tranquilidad y menos presión en cuanto a manejo de flujo de caja. Lo otro es que había recién llegado a Chile y si bien Starbucks era mi segunda casa, no tenía aún una red de contactos local tan grande. Necesitaba salir de la casa y ver gente “de verdad”. Eso ahora ya no me pasa porque aunque colabore remotamente con varios profesionales, tengo muchas reuniones presenciales. Sin embargo, nunca juzgaré un emprendedor que sucumba a una oferta laboral “estable”. Tampoco uno que busque trabajo cuando pasa por un momento de dificultad. Pero pienso francamente que el que tiene el bicho del emprendimiento en la sangre, tarde o temprano volverá a su mundo. La libertad.

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El canasto de supermercado en Santiago es más caro que en París [Primera parte]

supermercado-compras-poder-adquisitivo

Eso sería un título sensacionalista. Bueno, lo es ? y es cierto, en absoluto, calculando el total de un canasto de supermercado con unos 30 productos, cuesta 4% más comer en Santiago que en París y 47% más que en Bucarest. En relativo, el panorama es peor.

Veamos cómo llegamos a esto.

Precios referenciales basados en mis últimas compras en el supermercado en junio / julio 2016, más algunos catálogos online de supermercados o tiendas las tiendas online de estos mismos supermercados.

Veamos que tal el transporte.

Notas:

    • 350 / 400 km equivale a un recorrido Santiago – Chillán, Paris – Nantes, Milán – Venecia, Constanta – Brasov (del Mar Negro a Transilvania).
    • 1.000 km equivale a un pasaje Santiago – Puerto Montt, Paris – Venecia.

Algunos datos macroeconómicos:

Poniendo los datos en la juguera Excel, encontramos que un trabajador que gana el sueldo mínimo trabaja lo siguiente:

Ahora bien, suponiendo que cada uno toma el transporte urbano una vez en la mañana y otra en la tarde para ir a trabajar:

Ahora veamos qué significan estos números.

El poder de adquisición de la mitad de los trabajadores activos en Chile es muy bajo

Según un estudio de la Fundación Sol basado en la encuesta Casen 2013, la mitad de los trabajadores activos en Chile gana menos de $260.000. En este contexto y considerando la tabla anterior, podemos afirmar que:

  • El trabajador que gana el sueldo mínimo en Chile está un poquito mejor en cuanto a poder adquisitivo comparado con sus pares de otros países (ej: Rumania), y mucho peor que otros (ej: Francia). Obviamente, en un análisis exhaustivo se deberían considerar los gastos de alojamiento, salud, educación, entretención, etc..
  • Un santiaguino ganando el sueldo mínimo trabaja 6 veces más que un parisino para comprar un litro de leche y dos veces más que un rumano para comprar un pan.

El transporte público en Chile es extremadamente caro

  • El trabajador en cuestión debe dedicar mínimo un 10% de su presupuesto mensual al transporte público, mientras que sus pares europeos dedican un 6%.
  • Este mismo santiaguino trabaja dos veces más que un rumano para subirse a una micro. Pésimo indicador de calidad de vida.
  • Como nota, cabe destacar que el cálculo considera la compra de tickets individuales, lo que distorsiona un poco la realidad del ciudadano que depende del transporte en común a “favor” del 10% de Santiago. ¿Por qué? Tanto en Francia como en Rumania existen pases mensuales para el transporte público, por lo que al fin y al cabo el 6% es menos.

Inequidad salarial o poca valoración del trabajo en Chile

Dado el PIB per capita de Chile (66% superior al de Rumania en 2013) versus la poca diferencia en el poder de adquisición (4,7 versus 4,3 canastos de supermercado – una vez que se descartó el transporte), Chile tiene una riqueza muy mal repartida. Bueno, dirán que eso ya lo sabíamos pero nunca está demás recordarlo y cuantificarlo de forma aterrizada a la realidad de uno.

Recordemos que según el mismo estudio de la Fundación Sol:

(…) Croacia, con un PIB per capita menor que Chile en 2013, tiene una mediana salarial que es casi un 45% más alta. En el caso de Polonia, con un PIB per capita muy similar a Chile, obtiene una mediana salarial ajustada por paridad de poder de compra que es casi un 47,3 % superior. Para situarse en los rangos normales de los países con un PIB per capita similar, nuestro país tendría que recuperar terreno de forma considerable en lo que refiere al valor del trabajo”.

Como consumidores, la globalización nos expone a cosas absurdas

Digo “nos” porque me refiero a nosotros como sociedad. Chilenos, rumanos, franceses, todos. Que cada país importe productos que no produce internamente, me parece obvio. Claramente los plátanos no tendrían larga vida si fuesen cultivados en Francia o Rumania. Lo mismo la palta. Pero hay cosas muy absurdas como por ejemplo que la manzana chilena cueste más caro en Chile que en el exterior. O que Rumania exporte trigo e importe productos de panadería congelados (!) en vez de producirlos localmente.

El caso del café es emblemático. Problema #1: América Latina es uno de los mayores productores de café a nivel mundial. Consecuentemente, desde acá enviamos café a Europa y los europeos lo mandan de vuelta X veces más caro. Con los gastos de transporte, los impuestos y el margen que se hacen los importadores y supermercados, estamos pagando 10 veces lo que paga un europeo. Solución: tomar café barato y malo. Problema #2: Estamos invadidos por el café instantáneo, consecuencia del lavado de cerebro aka marketing hecho por cierta marca. A mis amigos cafeinómanos: Recién compré café Segafredo por 1,94 euros en París. O sea cerca de 1.500 pesos chilenos. Si, un paquete de 250 gramos de café de lo bueno. El Jacobs cuesta más o menos lo mismo en Rumania. Por un café equivalente estamos pagando acá entre $7.000 y $9.000.

Al igual que con el cobre, no estamos aportando valor. Exportamos recursos naturales e importamos productos de mayor valor agregado que otros producen. Bravo.

Francamente llega a dar vergüenza poner ciertos productos en el carro del supermercado:

Antes que se depriman demasiado, en la segunda parte les contaré algunos aspectos positivos de todo esto.

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De todo un pocoNegocios

Por qué a los extranjeros les cuesta trabajar y hacer negocios en Chile

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Varios artículos y algunas entrevistas con inversionistas que decidieron irse de Chile, abordaron las dificultades de hacer negocios en este país. Aunque aún me falta mucho por conocer, aprender y, sobre todo, desmitificar, pienso que después de 7 años en este lindo país, he identificado algunos temas recurrentes que no solo alejan a emprendedores, inversionistas pero también a trabajadores.

1. Los Chilenos no saben decir “no”

Mi primer viaje a Chile fue una misión comercial donde lo que más recuerdo de las charlas de la Embajada de Canadá fue algo que en ese minuto me marcó, quizás porque no entendía mucho lo que realmente querían decir con eso: “Los Chilenos no saben decir “no””. La advertencia está basada en la observación de un sinfín de empresas extranjeras que intentaron hacer negocios en Chile, invirtieron tiempo, plata y energía tratando de cerrar negocios pero nunca entendieron que la contraparte chilena en verdad no estaba interesada. Y por miedo de perder la cara, nunca les dijeron que “no”. En Canadá y seguramente en muchos otros países, eso no se daría porque es absolutamente normal transparentar la falta de interés / plata / oportunidad para hacer un negocio y quedar amigo igual. En Chile, no. Hay “algo” que tiene que ver con el miedo de quedar mal, que es intrínseco a la cultura, y es muy complejo entender este “algo” y aprender a manejar los negocios con los chilenos.

Las dos siguientes razones están muy relacionadas con esta incapacidad de decir “no”.

2. Hay mucha lentitud en la toma de decisión

Digamos que el empresario o ejecutivo chileno está interesado. Eso no significa que te dirá que “si” enseguida. Cuando te dicen que “si” en el mismo día o la semana, es raro, pero se agradece. Por último, se agradece un “no” firme – ojalá con alguna explicación de tipo “no tengo plata” o “estoy en otro proyecto demandante” o “encontré otra oportunidad mejor porque….”.

3. Existe mucha jerarquía en las empresas medianas / grandes y poca autonomía de las personas

Para aprender o por lo menos tener conciencia del impacto de la jerarquía en un negocio en Chile, tienes que vivirlo. Es algo que no se aprende de los libros y aunque te lo cuenten 1.000 veces, no te entrará nunca en la cabeza antes de vivirlo y entender desde adentro lo que significa. Que el jefe de tu jefe tenga que ponerse de acuerdo con el gerente de otra área para que ese gerente a su vez transmita hacia abajo a su equipo que necesita que te apoyen para que tu, un pobre analista que contrataron para hacer algo, puedas hacer tranquilamente tu pega (!), es algo que puede parecer ciencia ficción para alguien que viene de afuera. Uno en Canadá puede ser un “simple” encargado de algo y tener el control de presupuesto, poder tomar decisiones, hacer y deshacer. Por una razón muy simple: es parte de su trabajo. Le pagan por eso. No le pagan para pedir permiso, enviar correos con copia a medio mundo y esperar que las cosas se hagan. Ahora bien, las cosas son distintas en Chile y hay que vivirlas para entenderlas y aprender a desenvolverse en este medio. Pienso – siempre he sido una persona optimista – que una sociedad puede y debe evolucionar a pesar de las trabas culturales. Pero claramente no puedes cambiar el mundo. Puedes ser partícipe del cambio y hacer mejor las cosas a tu nivel. Cuando me tocó estar en cargos de mayor responsabilidad, siempre me he puesto como meta empoderar a mi equipo. No pretendo haber cambiado nada con eso pero si logré influenciar a algunos, me declaro feliz.

Volviendo al tema cultural y hacer negocios con los chilenos, la conclusión que saco es que hay que entender cómo funciona la empresa mediana – grande desde adentro, para relacionarte con las personas y la organización desde afuera.

Lo que nos lleva al siguiente punto:

4. Hay que entender quien toma decisiones y hablar con esa persona

Es un consejo que aplica en todas partes y no solamente en Chile. Quizás la brecha aumenta cuando se suma la incapacidad de decir “no”, con la jerarquía que incapacita la persona para tomar decisiones y además el estar hablando con el interlocutor equivocado. Una vez más, basta con pasar un tiempo en el “corporativo” como digo siempre, o la empresa grande, para entender la lógica de los cargos y los roles.

5. Los chilenos desconfían

Otro tema cultural que observo tanto en lo profesional como lo personal, es que los chilenos tienden a desconfiar. Los trabajadores desconfían de su empleador. Los empresarios desconfían de sus colaboradores y partners. Los compañeros de trabajo desconfían de sus pares. Los jefes desconfían de sus reportes directos etc. etc. etc. Quizás por lo mismo les cuesta tanto tomar decisiones, delegar y empoderar su equipo de trabajo.

6. La aversión al riesgo es alta

Basta con ver cuántos jóvenes profesionales siguen viviendo con los papás aunque tengan un ingreso decente para ser independiente, para darse cuenta de la comodidad de la gente. Cuando hablo acerca mi periplo antes de llegar a Chile y del hecho que me fui relativamente joven de la casa, me topo con “oh, nosotros somos muy apegados a la familia”. No, si nosotros también lo somos. Que esté lejos no significa que no ame a mis padres, que no me comunique diariamente con ellos o que no ame mi país. Llevando esto al ámbito laboral, la aversión al riesgo genera estancamiento, miedo de cambiar, y hasta involución. Creo que más de una vez estuve a punto de perder mi trabajo en empresas grandes porque pensaba que las cosas se podían hacer de mejor forma y porque ingenuamente traté de cambiar algo.

7. El talento en Chile es costoso y poco comprometido

No sé si será una consecuencia de la misma desconfianza que mencionaba en el punto 4, pero si necesitas contratar gente o encontrar colaboradores / socios / partners, es posible que te cueste un poco (mucho!) encontrar gente comprometida. Al igual que en la historia del chancho y la gallina, es un poco más fácil encontrar personas involucradas que comprometidas. No me queda claro aún qué motivaciones profundas determinan el compromiso de las personas pero sé que hay mucho de “ensayo y error” o de esperar que el interés común por un ámbito vaya un poco más allá.

8. El día laboral es inhumanamente largo y poco productivo

Chile es uno de los países del mundo donde más tiempo se pasa en la oficina. Sin embargo, este desafortunado indicador, no va de la mano con alta productividad. Les pueden decir “ah, es que el cafecito de la mañana, más el de la tarde”. No, no es solo el café. Los franceses son famosos por sus pausas de café en la oficina. Esta necesidad que existe en Chile para pasar mucho tiempo en la oficina está relacionada con algunos de los factores que mencioné más arriba: imposibilidad de tomar decisiones, poca autonomía en la parte inferior de la escala jerárquica, complejidad organizacional excesiva. Es decir, en vez de ser 5 para hacer un trabajo, más vale ser 15, de los cuales ojalá 10 jefes y 5 subalternos. Como los jefes pasan mucho tiempo en reunión para ponerse de acuerdo, negociar con sus pares, después pasan en reunión interna para transmitir prioridades, terminan agotados y salen a las 20:00 de la oficina. Con un poco de suerte, no se llevan trabajo para la casa. Mientras tanto, los 5 subalternos también se van a las 20:00 o a las 21:00 porque no les da el día “normal” para hacer todo lo que tienen que hacer. Para evitar problemas de clima, algunos almuerzo alargados serán necesarios durante la semana. Y para no terminar donde el psicólogo o psiquiatra, algunos cafés de catarsis con sus compañeritos serán fundamentales. La sesión de apoyo colectivo hará que todos parezcan que aman su trabajo cuando en verdad lo que más les gusta es su equipo (si es que les gusta).

Después de 7 años en Chile y teniendo ya algunas características de trabajólica, confienso que este tema es uno de los que más me cuesta combatir ya que tiendo yo misma a alargar mi día laboral o trabajar los fines de semana. El remedio: darse una vuelta por Europa una vez al año por lo menos, cosa de ver los resultados de un buen equilibrio entre el trabajo y la vida personal. O tener colaboradores que vivan allá que te lo recuerden. O que tu madre que sale de la oficina antes de las 16:00 te lo recuerde.

9. La educación es cara, los estudios de pregrado exageradamente largos y las escuelas técnicas son inexistentes o poco fiables

Dejando de un lado las carreras tradicionalmente más largas – como medicina – que a nivel internacional requieren mayor tiempo en la academia, no me cabe en la cabeza que alguien necesite 5 años de pregrado para estudiar administración de empresas, ingeniería comercial, diseño y otras carreras de pregrado. Eso hace que las personas terminen, a mi modo de ver, muy tarde su vida académica para tomar recién contacto con el mundo laboral a los 23-24 años. Además, dada la comodidad de algunos (que no es la realidad de todos tampoco!), en el verano prefieren ir a la playa en vez de trabajar. Y durante el año su horario de clases no les permite trabajar en paralelo, o por lo menos hacer alguna práctica. Lo anterior impacta en el nivel de madurez profesional. Poniendo eso en la perspectiva del extranjero, a edad equivalente, el que viene de Europa, Canadá o EU, tiene más experiencia en el campo laboral, lleva más tiempo asumiendo responsabilidades.

El hecho que la educación sea cara hace que un % importante de estudiantes siga dependiendo de los papás en vez de trabajar y estudiar al mismo tiempo. De todas formas difícilmente lograrían pagarse una carrera de ingeniero comercial, un arriendo, la comida, el transporte, la salud, etc., mientras trabajan de cajero o vendedor en un local comercial. Eso se da en países donde la educación es gratuita o el costo es bajo (o las becas son altas): los estudiantes trabajan durante el pregrado. Por ende, al terminar sus estudios universitarios tienen ya cierta experiencia laboral.

10. Existen brechas importantes en los sueldos y las tarifas de las consultoras

Cuando llegué no existían iniciativas como ComparaJobs o Compara tu sueldo de Reqlut y en general el tema del sueldo me ha parecido bastante tabú. Algunos casos son más emblemáticos y todos los conocen a nivel nacional, como los sueldos de los profesores. En cuanto al tema de los extranjeros profesionales, si bien pienso que muchas veces accedemos a sueldos interesantes gracias a nuestra experiencia y perfil – principalmente haber estudiado afuera, hablar varios idiomas, etc. – en general me ha resultado difícil “poner un número” en una negociación de sueldo. Y más de una vez, estando en empresas grandes encontré que había mucha disparidad en la escala salarial y falta de transparencia para las nuevas contrataciones. Siempre con cierto trato ingenuo donde el culpable eres tu porque te pidieron cuanto querías. Digamos que pidas 10, negocian 9 y a un mes después de tu contratación te enteras que tu par que tiene 5 veces menos personas a cargo que tú, una preparación académica similar o menor, menos experiencia laboral, gana 12. Chan!

Lo mismo pasa con las tarifas de las consultoras. Allí quizás se pueda atribuir cierto % de diferencia a la marca. Como en cualquier tipo de servicio, la marca se paga. Ok, pero hay también una diferencia artificial mantenida por ciertos temas culturales como los “pitutos” y el clientelismo. Los escándalos recientes que involucran los políticos y varias empresas son un buen ejemplo.

En ambos casos, en Canadá uno tenía más o menos una idea de cuánto podría ser el sueldo de un analista de marketing (para dar un ejemplo) con 1-2 años de experiencia. O de cuánto te podría cobrar una consultora en tal rubro. Actualmente en Chile sigue habiendo mucha disparidad y aunque preguntes entre tus conocidos y te den un monto, las diferencias pueden ser enormes según la empresa o la industria.

11. El mercado es muy pequeño

Este es un clásico que de repente justamente por ser un dicho tan común, se nos olvida. En general, Chile es un mercado muy pequeño. Si trabajas en una empresa que vende maquinaria para las mineras, quizás encontrará tremendas oportunidades en Chile (pero quizás no este año?!). Pero si es una empresa de servicios / productos para otras empresas (mercado B2B) e incluso si eres profesional independiente en un nicho especializado, es posible que el mercado local sea muy pequeño. Dicen que Chile tiene que ser un punto a tierra en Latam, no una finalidad.

12. Los que buscan “palos blancos” te hacen perder tiempo

Para los lectores fuera de Chile, un “palo blanco” es un proveedor invitado a un proceso de licitación que claramente no está compitiendo sino que está allí para cumplir con alguna regla del proceso o las bases de la licitación. Dicho en otras palabras: la empresa X tiene la necesidad Y. Para ello, invita a 5 empresas a participar cuando ya sabe que quiere trabajar con la empresa A. Las otras B, C, D y E están allí de “palo blanco”. Si no logras identificar cuando estás en esta situación, perderás mucho tiempo, energía y plata.

Afortunadamente a los europeos en general no nos afecta nuestro origen, lo que es una tremenda ventaja. Si Chile es un país muy clasista, siento que nuestro apellido, el colegio en el cual estudiamos y otros detalles insípidos no tienen mayor relevancia a la hora de buscar trabajo o hacer negocios.

Letra chica

  1. Cualquier parecido con situaciones reales y personas reales, no es una coincidencia.
  2. Mi relato tiene cierta cantidad de generalidades y generalizaciones. Nunca dije que es un estudio científico, sólo un conjunto de observaciones basadas en mi experiencia y la de otros extranjeros con los cuales he conversado.
  3. A pesar de todo, si estamos en Chile y nos emocionamos cuando gana La Roja, es que queremos este país. Como dice mi padre: “Si quiero a alguien y le hago una crítica, es porque quiero que mejore. Si no me importaría, no le diría nada”.

Si eres extranjero, ¿qué otras dificultades encontraste en el mundo profesional chileno?

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De todo un poco

Retomando el blog

Startup Weekend Santiago 2014

Después de varios años de buenas intenciones para retomar el blog, espero que este intento funcione. Una de las cosas que más me permitió mantener contacto con mi mundo en Canadá cuando recién llegué a Chile y a la vez conectarme con la comunidad local en Santiago, ha sido el blog. En ese momento era un .com pero después de unos años, me hackearon la cuenta de hosting y después me quedé sin dominio, el que nunca pude recuperar y actualmente se encuentra comprado por una empresa asiática con la cual no he podido comunicarme exitosamente.

¿Lo que ha cambiado? En 2008-2009 mi idioma principal de comunicación y trabajo era el francés. Hoy, es el español (con sus toques chilenos correspondientes).

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