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¿Cuándo fue la última vez que tu jefe fue más que un superior y lo viste como líder y mentor? Si bien en LinkedIn y Facebook están dando vuelta un montón de caricaturas con las diferencias entre un jefe (o manager) y un líder, y todos tenemos más o menos clara la diferencia, te apuesto que si haces un análisis honesto, la cantidad de líderes / mentores en tu vida laboral ha sido o es mucho menor que la cantidad de jefes. Cuando pienso en un líder y mentor, tengo en mente a alguien que te acompañe, sobre todo al inicio de tu carrera – o, si ya llevas años trabajando – al inicio de tu carrera como líder. Puedes aprender mucho en el camino, leerte un sinfín de libros, ver películas de emprendimiento o hacer un MBA, pero te aseguro que nada reemplaza un verdadero mentor. Alguien que admires, que te guíe, te enseñe a través del ejemplo, que sepa corregirte cuando te equivocas y que se muestre preocupado por tu evolución más allá de tu cargo y de la empresa, que se preocupe de tu futuro y de tu formación como profesional. Esas personas son raras.

A cada cierto tiempo me acuerdo de Daniel, mi primer gran jefe. Daniel es un “dinosaurio” del marketing y de los negocios y era vicepresidente de la empresa donde hice mi práctica y después quedé como encargada de marketing, en Canadá. En esa época yo tenía poco más de 20 años y el más de 50. En los casi 2 años en los cuales hemos trabajado juntos, y sin querer queriendo, me transmitió algunas lecciones de liderazgo que fueron fundamentales para formarme como profesional y ser como soy hoy día.

Empoderar las personas sin dejar de ser exigente

En marketing y ventas había mucha gente joven y también varios de la vieja guardia. A los antiguos les costó un poco su llegada al equipo porque era súper exigente, por lo que a veces tenían temor de tomar la iniciativa para no equivocarse. Por otro lado, los nuevos (y jóvenes) tuvimos la suerte de encontrarnos con él al inicio de nuestra carrera para que justamente nos de el espacio y el impulso para tomar iniciativas.

Por otra parte, era algo normal participar a reuniones con la alta dirección, dar cuenta de los avances de los proyectos y opinar de las diferentes iniciativas. Se puede tener 24 años y estar en una sala de reuniones con gente con más experiencia y responsabilidad y expresarse libremente, sin miedo que te van a reprimir.

Dejar que los más jóvenes “jueguen”, se equivoquen y aprendan

Daniel me dio manos libres en una serie de proyectos importantes para la empresa como el rediseño del material de comunicación corporativo en el marco de un proyecto de rebranding y rediseñar la web. Eso fue hace 11 años atrás (2006). Una vez íbamos a participar a una feria comercial en Estados Unidos, teníamos material de punto de venta recién diseñado y una web con la imagen antigua. Como estaba súper preocupada por la consistencia y la imagen de la marca, le dije a Daniel que no podíamos ir a EU así. ¿Qué hizo? Dejó que rediseñaramos la web y lo hicimos prácticamente en una noche con la diseñadora y dos desarrolladores. Tomamos café hasta que reventamos la máquina y pudimos dar la cara frente a nuestros clientes y distribuidores. Después hicimos algunas mejoras pero básicamente lo grueso fue hecho en un fin de semana. Ese sitio web duró hasta hace muy poco. Tuvimos poco o nada de supervisión pero él confió en nosotros. ¿Podíamos habernos equivocado? Obvio. ¿Podíamos haberlo hecho mejor? Obvio. Pero también podía haberme encontrado con un jefe muerto de susto que necesitara mil aprobaciones de sus superiores, haber ido a ese evento y a otros más, haber dejado que pasara el tiempo sin hacer nada.

Confiar en las personas

No sé si fue él o la suma entre el y la empresa en la cual estaba, pero creían en mí y me potenciaron. En esa época yo hacía mi pregrado y si bien entré haciendo una práctica (bien pagada y con responsabilidades, no sacando fotocopias), me quedé como líder de proyecto y después encargada de marketing, trabajando y estudiando a tiempo completo. Entendiendo que todo era importante para mí, me dieron la libertad de trabajar a distancia mientras fui a tomar un curso de verano de inglés en otra provincia, seguir trabajando mientras visitaba a mi familia en Rumania – para no tomarme vacaciones sin saldo y así disminuir mis ingresos. También tuve la oportunidad de viajar a Chile y Argentina en misiones comerciales con la universidad y en paralelo hacer un proyecto para la empresa. Con la altura de mira de estos 8 años en Chile, puedo decir que nunca he visto acá una empresa donde se le diera esta libertad a un colaborador. Y aún menos a uno joven que está recién partiendo su carrera. Por lo mismo, un líder es potenciado o aplastado por su entorno. En este caso, la empresa o la alta dirección (empresa = personas) confiaba en él y el podía confiar en su gente.

Preocuparse de los detalles

Una de las cosas que teníamos en común con Daniel era sin lugar a duda la obsesión por la calidad de los contenidos. Era de esos VPs que se leía todo al revés y al derecho y encontraba pifias en los textos que la agencia nos enviaba, los correos de la gente de ventas y las propuestas de otros compañeros de marketing. Si bien el francés no es mi idioma materno y nuestros contenidos eran principalmente en francés e inglés, yo hacía lo mismo que él, encontraba pifias por todo lado. Eso tiene que ver con la preocupación por la imagen de la empresa. La preocupación por la calidad del producto y la experiencia del cliente pasa también por lo que se escribe y en general lo que se comunica, ya sea en un folleto, en un material de punto de venta o en la web. Si como líder te preocupas por los detalles y eres minucioso, existe la posibilidad de transmitirlo a tu equipo.

Dar oportunidades

Varias personas dentro del equipo tenían resultados “perfectibles”, por no decir que habían cometido algunos errores – nada de vida o de muerte, por cierto. El nunca cortó cabezas a diestra y siniestra – como lo he visto acá, en Chile, en varias oportunidades. Les dio a todos una cantidad suficiente de oportunidades y les dio feedback para mejorar. Finalmente recuerdo que tomó decisiones difíciles pero las tomó. Con el tiempo, me he dado cuenta que también tiendo a darles oportunidades a las personas. Cuando estuve en un cargo alto, en más de una ocasión he tenido que “defender” a mi gente frente a mi superior quien, por razones insípidos quería despedirlos. Básicamente, lo que aprendí de Daniel es que uno no puede jugar con las personas como si fueran peones en una tabla de ajedrez.

Hacer las cosas con pasión

Hay demasiada gente que trabaja por necesidad y lamentablemente pocos tenemos la posibilidad de elegir nuestro trabajo por vocación y pasión. Por lo mismo, hay que ser responsable y no hacer de la ida a la oficina una rutina enfermiza porque así corresponde o así se ve bien en nuestra sociedad. Es cierto que el mundo no funciona solo en base a pasiones y que también toca hacer cosas por deber, pero cuando tienes la oportunidad de elegir, tienes que tomarlo también como una responsabilidad.

Ser auténtico

Él era exigente y no necesariamente cercano en el sentido de hacerse amigo de todo el mundo. Pero cada semana iba a almorzar con alguno de nosotros, a veces con varios. Sin que sea una rutina, ni una obligación para quedar bien en la encuesta de clima. Otras veces no iba porque estaba ocupado. Ser auténtico tiene sus pros y sus contras. A algunos les puede gustar, a otros no. Personalmente prefiero trabajar con gente auténtica y transparente y no con personas que hacen lo imposible para quedar bien con todo el mundo.

Con Daniel aprendí mucho de marketing porque él era un dinosaurio, como me gusta decirlo. Pero lo que más me marcó fue aprender en el plano humano y organizacional. Sin que nos pusiéramos de acuerdo sobre su rol, un día conversamos y se estableció en la conversación que él era mi mentor. Y eso fue tan potente que el dia en el cual le avisé que me habían ofrecido un cargo en otra parte y que iba a ser 100% web, nos miramos y entendimos que ya no había que ofrecerme porque los nuevos desafíos que me proponían eran netamente técnicos. Si bien había un aumento salarial lógico, no me iba por el sueldo. Me iba porque allí donde estaba había topado techo en este sentido. Llevaba dos años y, por las características de la empresa, era imposible que a corto o mediano plazo nos convertiremos en una empresa con un área digital relevante. Eso también es ser líder: preocuparse por el futuro de la carrera de tu equipo, ayudarlos que tomen buenas decisiones para ellos, aunque a veces a ti no te acomoda porque estás perdiendo un jugador importante.

Dicen que las personas no dejan las empresas sino que dejan a su jefe. Es extremadamente difícil dejar un buen líder. De hecho, ese día se nos cayó una lágrima a cada uno.

Si no tienes un jefe – líder o, mejor aún, líder – mentor, deberías apuntar a tener uno. Obviamente cuando uno llega a una empresa, no tiene idea con que se va a topar. Después de 15 años de tener una serie de jefes cada uno más diferente que otro, puedo decir que algunas cosas sí se pueden planificar pero cuando uno es muy joven no se da cuenta de eso y toma decisiones en base a factores como el cargo, la plata, los beneficios. Todo lo anterior es súper relevante a la hora de elegir un trabajo pero si además puedes elegir un líder con el cual trabajar, deberías hacerlo. Deberías informarte y saber con quién vas a pasar días enteros y eventualmente años de tu vida. Que la euforia de tener un (nuevo) trabajo no te pille poco preparado.

Por otra parte, si no tienes un jefe – líder, deberías buscar uno. Sobre todo si estás al inicio de tu carrera profesional o si apuntas a un cargo de mayor responsabilidad. Un mal líder hace malos líderes aunque cueste reconocerlo.

Y tú, ¿qué aprendiste de tu mejor líder?

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Carmen

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